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Guillermina, el mar y yo

Me hace un gesto de que vaya con ella. Le leo los labios "dale mamá, vení". Yo me acerco a la orilla y me agarra la manito. "El mar está picante" me dice, y le sonrío. Pierde el temor y se tira de una. Ahora jugamos a que las olas nos atrapan. Viene una gigante, gritamos y salimos disparadas. La gente mira. Ser madre de Guillermina es divertido. Con ella, todo es más emocionante. Me sumerjo en el mar, pero sola. Guille me espera en la orilla mientras yo estoy metida en lo más profundo. Esta vez, el padre se acerca para estar con ella. Por un momento, me olvido de los problemas que suceden en el mundo. Me bautizo. Miro al cielo y hago la plancha. Extiendo mis brazos. Una ola me tapa por completo. Saco la cabeza y respiro. Guille me grita que vuelva, que estoy muy lejos y es peligroso. Hago que no la escucho. Meto la cabeza de lleno en el agua. Todo pensamiento intrusivo lo dejo pasar. Entonces, siento que una bolsa liviana me roza suavemente la pierna. No es una bols...

It's late now

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Llegaste tarde a todo:  A escuchar elMato, a mirar esa serie, a adoptar un gato. La nostalgia de lo que no se tenía  y se cree tener ahora, un tanto reconforta.

Responsabilidad reflexiva

Cuando dejo de escribir 'jajajas' en las redes o de sonreír por ahí, la gente se preocupa. No por mi bienestar mental, sino por ellos mismos, por si hicieron algo mal. ¿Será que son poco amables con la gente y les cuesta hacerse cargo de sus propios asuntos?

Escritoras que me salvaron la vida

Esto iba a ser un tweet pero se convirtió en un amoroso texto.  A veces me olvido de que Inés Garland fue la escritora que me salvó de una gran depresión durante los años previos a la pandemia. Y me atrevo a decir que su palabra fue un gran confort para mí, aún más sanadora que esos raros días de terapia. Había algo que no me hacía sentir del todo a gusto conmigo y soy una persona que si tiene que avanzar, avanza. Que se saca la capa de piel quebrantada para relucir la nueva. Y así fue como, en un momento de gran necesidad, la preciosa obra de Inés cayó en mis manos, como una señal del universo. A Inés me la presentó mi profesora de taller literario. Fue el primer taller de lectura y escritura en el que me inscribí. Mis compañeros y yo nos inspirábamos en los textos que Nati nos daba, y ella nos pavimentaba el camino. Era agradable tener a Nati como profesora porque todo lo que decía era de lo más bello. De su boca solo salían palabras hermosas que me hacían sentir a gust...

Cadena de favores

Ayer, en un local de ropa para niños, una señora de unos cincuenta años se me acercó y comenzó a contarme sus problemas. Esto me sucede con frecuencia: la gente se abre conmigo y comparte sus historias sin previo aviso. Hablaba con una verbosidad tremenda, como si necesitara liberarse de una gran angustia. Yo la escuchaba atentamente, sin interrumpir, aunque podía anticipar el final de sus frases porque todo era muy obvio. En momentos, mi mente disociaba y me imaginaba qué haría yo en su lugar, qué le diría a esa persona. Incluso fantaseé con tirarle un cenicero a su expareja por la cabeza. Ella parecía disfrutar de nuestra charla, pero sobre todo de su propio monólogo. Hasta que me salió decirle algo "Sarna con gusto no pica". En un momento, las primeras lágrimas de Vero comenzaron a caer y la abracé. Su nombre lo supe al escucharla con la vendedora mientras pagaba con tarjeta. Le comentó que odiaba cuando la llamaban 'Verito', ya que le parecía infantil para una muj...

La chica de la Esso

Vanina tenía unos 20 años. Morocha, de pelo largo hasta la cintura. Trabajaba en la Esso cerca de casa, en Luján y Albarracín. Usaba calzas y visera, limpiaba los parabrisas, les servía café a los chicos del surtidor, atendía la caja y daba vueltos en caramelos.  Había un chisme de barrio que decía que una vez una vieja juntó todos los 'vueltos' y les pagó en caramelos Media hora unas gaseosas.  Se la tuvieron que fumar en pipa.  Las cejas de Vanina eran un poema aparte.  Me obsesionaban sus cejas porque las mías también eran gruesas, pero yo quería ser como ella: cejona y bella.  Año 99.  Apenas once años. Me crecen las tetas.  Solía hacerme las trencitas de noche y deshacerlas a la mañana así me quedaba el pelo ondeado todo el día.  Un día fui a la Esso a inflar las gomas de la bicicleta.  Cuando me acerqué al mostrador a pagar me miró el pelo y me dijo "¿Qué pasó amiga? ¿Te peleaste con el peine?" Y sonrió graciosa, masticando chicle de co...

Aliens vs Literature

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Me da risa porque acabo de desaprobar a un alumno y acto seguido me dice enojado que la literatura no sirve para nada. Como no se me viene nada inteligente a la cabeza hago un esfuerzo enorme para no mandarlo a la mierda. Me pongo a leer a Cecilia Pavón para hacer tiempo y me encuentro con esto. A lo mejor tenga razón mi alumno, ya no tiene sentido leer a Christina Rosetti, a Miller, a Dickinson si lo que importa es la llegada de los extraterrestres. ¡Ah! y los Avengers.