Escritoras que me salvaron la vida

Esto iba a ser un tweet pero se convirtió en un amoroso texto. 

A veces me olvido de que Inés Garland fue la escritora que me salvó de una gran depresión durante los años previos a la pandemia. Y me atrevo a decir que su palabra fue un gran confort para mí, aún más sanadora que esos raros días de terapia. Había algo que no me hacía sentir del todo a gusto conmigo y soy una persona que si tiene que avanzar, avanza. Que se saca la capa de piel quebrantada para relucir la nueva. Y así fue como, en un momento de gran necesidad, la preciosa obra de Inés cayó en mis manos, como una señal del universo.

A Inés me la presentó mi profesora de taller literario. Fue el primer taller de lectura y escritura en el que me inscribí. Mis compañeros y yo nos inspirábamos en los textos que Nati nos daba, y ella nos pavimentaba el camino. Era agradable tener a Nati como profesora porque todo lo que decía era de lo más bello. De su boca solo salían palabras hermosas que me hacían sentir a gusto. Nati me decía: 'Este texto que escribiste me hace acordar a Inés Garland, cuando en su libro "Una vida más verdadera" cuenta que las conexiones con las personas son tan fuertes que pasan los años, desaparecemos, rehacemos nuestra vida, nos volvemos a encontrar con esa persona y la seguimos queriendo igual, porque son vínculos eternos'. ¡Wow!, pensé. ¿Qué decir? Era exactamente lo que sentía en ese momento.

Después de Inés, y sin que fuera una casualidad, conocí a Sharon Olds. No es un detalle menor. Inés Garland es la traductora al español de sus libros. Gracias a Sharon, empecé a tenerle más cariño a la poesía. "La habitación sin barrer" fue el libro que elegí para empezar a explorar su mundo, pero "La materia de este mundo" fue el que la consagró como una de mis favoritas. Me gusta su obra porque Sharon es osada en la escritura y se anima a ir al hueso. No tiene ningún pelo en la lengua como yo. Su poema "Madre primeriza" me parece tan poderoso y audaz:

"Una semana después de que naciera nuestra hija,

me arrinconaste en la habitación de huéspedes

y nos hundimos en la cama.

Me besaste y me besaste, mi leche desató su

nudo corredizo y caliente a través de mis pezones,

empapó mi blusa..."

Luego vino la pandemia, y con ella, mucha literatura entró en mi casa. Los cuentos de Clarice Lispector, la poesía de Sylvia Plath y de Idea Vilariño me ayudaron a atravesar esa enorme soledad, sumergiéndome aún más en ella. Después de la pandemia, llegaron más autoras a mi vida: Negroni, Sosa Villada y la exquisita Cecilia Pavón, quien me enseñó a ser más atrevida en la escritura. To give a fuck about the reader. Tal vez hubiera estado bueno cruzarme con Pavón cuando era más chica, cuando escribía sobre esos novios que eran espantosos de una manera más hilarante, llevándolo al cinismo total. Pero yo escribía textos desgarradores sobre hombres difíciles de llevar. Hombres imposibles de odiar y de querer. Amores gitanos, amores jodidos. Bueno, Cecilia me cambió la perspectiva. 

Así fue como estas mujeres han hecho de mi mundo un lugar increíble de habitar. 

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